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Decálogo de Padres

  1. La elección de la actividad debe realizarse teniendo en cuenta la educación de nuestro hijo, la cual debe ir desde una formación amplia, variada y general a una formación cada vez más específica encaminada en función de sus preferencias. Cada modalidad tiene sus particularidades, sus puntos a favor y sus limitaciones. Debemos plantearnos que le aporta para su aprendizaje y desarrollo físico, motriz, psicológico y social.

  2. Tener en cuenta a los protagonistas. Es fundamental que tomemos todas las decisiones junto con nuestro hijo, permitiéndole que pruebe, que busque, y que cambie si no le gusta en la próxima temporada; los errores son parte del propio camino educativo de cada persona. Ahora bien, no debemos confundir esta búsqueda con la inconstancia, la falta de iniciativa o una forma de evitar el esfuerzo y el compromiso.

  3. Implicarse en la actividad de nuestro hijo, pero dejando actuar a los técnicos, respetando y apoyando sus decisiones. Una vez que hemos confiado en unos profesionales, hemos de saber mantenernos al margen, informados, colaborando cuando sea necesario, pero sin entrometernos en su actuación.

  4. Ser pacientes en su evolución, que pase por las diferentes fases en su desarrollo motor, ya vendrán los éxitos deportivos si tienen que venir y si ese es su deseo. Se puede ver con demasiada frecuencia a padres con un interés exagerado por convertir a sus hijos en deportistas profesionales, sometiéndolos a una carga física y psicológica excesiva para su edad.

  5. Fomentar la continuidad. Es necesario tener claro que cualquier aprendizaje requiere de una experiencia en el tiempo de forma habitual. Los padres debemos colaborar y facilitar el compromiso adquirido de nuestro hijo con la actividad y con el grupo, ya que de lo contrario el deportista se estancará y se irá quedando atrás, además del perjuicio que ocasiona su ausencia al resto del grupo

  6. Humildad, no debemos magnificar los trofeos o éxitos. Hay que tener en cuenta que nuestro hijo no es el único, no es indispensable para el equipo, no es el mejor, ni probablemente conviene que lo sea. Debemos de tener cuidado de no proyectar en el niño nuestros deseos o nuestras frustraciones.

  7. Potenciar el juego limpio. Si bien está claro que en el deporte existe competitividad, aún más, la competición es una parte fundamental de todos los deportes y que no tiene ninguna lógica ser condescendiente con nuestro oponente. Debemos relativizar esta oposición limitándola al terreno de juego y siempre bajo unas normas, éticas y propias del deporte. Las actitudes agresivas por parte de los padres fomentan la violencia en el juego y la falta de respeto por las normas.

  8. Apoyar, respaldar y motivar. Todos sabemos lo difícil que es estar siempre dispuesto y motivado para seguir esforzándonos, es importante que los padres estén ahí en los momentos difíciles. Ahora bien, no debemos confundir esto con solucionarle los problemas o evitarle las situaciones difíciles, enfrentarse a ellas le hará madurar y prepararse para la vida.

  9. Inculcar el trabajo y la dedicación para conseguir los objetivos. En la sociedad actual, sobre todo a través de los medios de comunicación, se potencia la idea de que se puede conseguir el éxito fácilmente, se nos muestra una imagen de los “héroes deportivos” distorsionada sin tener en cuenta que repercusiones pueden tener en sus pequeños seguidores. Los Padres tenemos aquí una importante labor educativa evitando magnificar a los deportistas y fijando los valores positivos que puede transmitir.

  10. Hacer que el deportista se sienta valorado. Es muy importante para los deportistas mostrar sus logros a las personas queridas, ahora bien, no debemos ser excesivamente rígidos para no crear una excesiva tensión en el niño por hacerlo bien. Resalta los aspectos positivos, la mejora personal y colectiva, y no solo el resultado obtenido.

  11. El padre como espectador evita realizar juicios de valor precipitados ante la actuación de árbitros y entrenadores, ¿de qué sirve actuar en ese momento?; resulta mucho más interesante y enriquecedor para todos recapacitar en casa y dialogar sobre lo ocurrido con el entrenador, árbitro,… y con nuestro hijo En todo caso siempre debemos anteponer la educación de nuestros hijos, y ciertamente un padre gritando fuera de sí o insultando al árbitro es un pobre ejemplo para ellos.

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